Durigutti Cara Sucia Nebbiolo
El elemento de este vino
Hay algo de viaje en este Nebbiolo: una variedad italiana que echó raíces en el Este mendocino y que hoy vuelve a encontrar una forma propia de expresarse en Rivadavia. Las uvas provienen de un viñedo plantado en 1967, a 450 metros de altura, manejado con prácticas orgánicas.
La elaboración busca conservar esa identidad sin demasiadas capas. Fermentación con levaduras autóctonas y crianza durante seis meses en huevos de cemento, sin madera. El resultado es un tinto fresco y ligero, donde la variedad y el lugar aparecen con naturalidad.
En la copa
Rojo cereza brillante, de profundidad media. En nariz aparecen frutillas y cerezas frescas, acompañadas por un fondo floral de rosas rojas, pimienta y aguaribay.
En boca es ligero, fresco y frutal, con un final medio y amable y un retrogusto marcado por la fruta. Un Nebbiolo de perfil ágil y refrescante, bastante alejado de la idea de un tinto pesado. La propia bodega recomienda servirlo entre 12 y 14 °C.
La historia detrás
Cara Sucia nació de una vuelta a los orígenes. Los hermanos Héctor y Pablo Durigutti crecieron en Rivadavia, en el Este mendocino, y con esta línea decidieron regresar a esa tierra para reivindicar sus paisajes, sus viñedos y la tradición vitivinícola de la región.
El proyecto pone la mirada sobre un territorio que durante mucho tiempo quedó a la sombra de otras zonas más reconocidas de Mendoza. Volver a trabajar allí significó recuperar viñedos antiguos, poner en valor a sus productores y contar otra parte de la historia del vino mendocino.
Cara Sucia es, en ese sentido, una forma de volver a casa. Es mirar un lugar conocido desde una perspectiva nueva y encontrar en sus viñedos una identidad que siempre estuvo ahí.

