El elemento de este vino

En Rivadavia, entre los viñedos antiguos del Este mendocino, hay una historia que llegó desde muy lejos para echar raíces. Este Sangiovese nace de un viñedo plantado en 1940 y forma parte de la búsqueda de los hermanos Durigutti por recuperar y poner en valor las variedades tradicionales de la región.

La elaboración acompaña esa identidad con una mirada sencilla: fermentación y crianza en huevos de cemento, sin madera. El resultado busca conservar la frescura y el carácter frutal, dejando que el lugar y la variedad hablen sin demasiados intermediarios.

En la copa

De color rojo de intensidad media, despliega aromas de frutos rojos, guinda y cereza, acompañados por un delicado toque floral.

En boca es tenso, de buen caudal y refrescante, con taninos que acompañan hasta un final redondo. Un tinto ligero y amable, pensado para disfrutarse fresco: la bodega recomienda servirlo entre 12 y 14 °C.

La historia detrás

Cara Sucia nació de una vuelta a los orígenes. Los hermanos Héctor y Pablo Durigutti crecieron en Rivadavia, en el Este mendocino, y con esta línea decidieron regresar a esa tierra para reivindicar sus paisajes, sus viñedos y la tradición vitivinícola de la región.

El proyecto pone la mirada sobre un territorio que durante mucho tiempo quedó a la sombra de otras zonas más reconocidas de Mendoza. Volver a trabajar allí significó recuperar viñedos antiguos, poner en valor a sus productores y contar otra parte de la historia del vino mendocino.

Cara Sucia es, en ese sentido, una forma de volver a casa. Es mirar un lugar conocido desde una perspectiva nueva y encontrar en sus viñedos una identidad que siempre estuvo ahí.

Durigutti Cara Sucia Sangiovese

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El elemento de este vino

En Rivadavia, entre los viñedos antiguos del Este mendocino, hay una historia que llegó desde muy lejos para echar raíces. Este Sangiovese nace de un viñedo plantado en 1940 y forma parte de la búsqueda de los hermanos Durigutti por recuperar y poner en valor las variedades tradicionales de la región.

La elaboración acompaña esa identidad con una mirada sencilla: fermentación y crianza en huevos de cemento, sin madera. El resultado busca conservar la frescura y el carácter frutal, dejando que el lugar y la variedad hablen sin demasiados intermediarios.

En la copa

De color rojo de intensidad media, despliega aromas de frutos rojos, guinda y cereza, acompañados por un delicado toque floral.

En boca es tenso, de buen caudal y refrescante, con taninos que acompañan hasta un final redondo. Un tinto ligero y amable, pensado para disfrutarse fresco: la bodega recomienda servirlo entre 12 y 14 °C.

La historia detrás

Cara Sucia nació de una vuelta a los orígenes. Los hermanos Héctor y Pablo Durigutti crecieron en Rivadavia, en el Este mendocino, y con esta línea decidieron regresar a esa tierra para reivindicar sus paisajes, sus viñedos y la tradición vitivinícola de la región.

El proyecto pone la mirada sobre un territorio que durante mucho tiempo quedó a la sombra de otras zonas más reconocidas de Mendoza. Volver a trabajar allí significó recuperar viñedos antiguos, poner en valor a sus productores y contar otra parte de la historia del vino mendocino.

Cara Sucia es, en ese sentido, una forma de volver a casa. Es mirar un lugar conocido desde una perspectiva nueva y encontrar en sus viñedos una identidad que siempre estuvo ahí.